Ante la persistencia de una coyuntura económica incierta, buena parte de Europa –encabezada por Francia– amenaza con empezar a cerrar puertas al comercio y a la inversión extranjera a menos que reciba mayor reciprocidad de parte de sus socios comerciales. Aunque los motivos pueden ser relativamente distintos, vientos proteccionistas parecerían volver a soplar en las principales economías de la región sudamericana. El artículo principal de esta edición de Semana Económica (SE 1317) analiza en detalle la naturaleza de las barreras al comercio impuestas por Brasil y Argentina en los últimos meses y evalúa su impacto en el comercio con el Perú.
El caso de Brasil resulta particularmente interesante. Recientemente, dicho país forzó la revisión de su tratado de libre comercio con México para proteger su industria automotriz. Baja la amenaza brasileña de cancelar el acuerdo comercial del todo, México terminó por acceder al límite de exportaciones de autos dictado desde Brasilia. A pesar de que la presidenta Dilma Rousseff ha declarado que su guerra será sólo en contra de los capitales especulativos provenientes de las potencias de occidente y que continúan presionando a la baja al real brasileño, lo cierto es que se ha venido levantando diversas voces de alarma sobre el proteccionismo brasileño en las últimas semanas, entre las que destacan las de representantes FMI, del gobierno de Uruguay y de algunos de los principales bancos de inversión a nivel global.
¿Cuánto perjudica directamente esta situación al Perú? Según diversos analistas, no en mucho. El Acuerdo de Complementación Económica N° 58 (ACE 58), suscrito en el 2005 entre el Perú y Brasil, establece una significativa desgravación arancelaria progresiva de parte de ambas naciones. En el caso de Brasil, la desgravación para productos peruanos entrantes estaría completa el 1 de enero del 2013 y a la fecha el gobierno brasileño ya ha hecho efectiva la desgravación de más del 90% de partidas arancelarias.
Sin embargo, en conversación exclusiva con Semana Económica, representantes de Adex y de Comex señalaron que, en realidad, para el Perú –a diferencia de otros países– el problema del comercio con Brasil no pasa por temas arancelarios, sino por las barreras para arancelarias –definidas por Indecopi como obstáculos innecesarios e injustificados al comercio exterior y que en la práctica se traducen en barreras burocráticas o cuotas por producto, por ejemplo–. En concreto, demoras injustificadas en los registros sanitarios farmacéuticos, prohibiciones para la circulación de productos vegetales, rotulación compleja de productos importados, entre otras complicaciones han sido comentados por empresas asociadas a los gremios exportadores. Fuente: Semana Económica.
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